abril 07, 2005

Desde el Olvido

A pesar que tiemblan las manos cuando las letras pretenden escapar de mí para intentar encontrar tus pupilas, buscando impetuosamente escabullirse en tu ser, añorando ingenuamente reposar en tu templada sensatez; a pesar del personal terremoto, me incapacita la fuerza por hablarte mediante la tinta.
Ahí la razón de estas manchas negras que te gritan con dolor.
No son lágrimas lo que lees, es una tormenta incontrolable que lastima cada espora de mi alma ya sin color. Ambicionar un espacio de tu tiempo es desear la posesión de las escrituras del cielo en azul y negro. Tropezar con tu mirada es más que la ilusión que tiene un niño por pintar el aire de amarillo.
Solo añoro aquellos minúsculos momentos cuando la avaricia te permitía recuperar un suspiro de lo que fue tu vida.
¿Será que alguna vez regresará aquel a quien sin mesura presté mis dos labios para que los coloreara con su carmín? ¿Podrá la brisa otoñal donarme el eco de las grises miradas antes suaves y delicadas? ¿Será permitido creer que aún resta algo de rojo sentir en tu postergado invierno?
Se acaba la tinta, se terminan las manchas, se borran las letras, desaparecen las palabras. No se esfuma el amor.

Karla H. Romero