“El individuo es la sede de la voluntad soberana”
Arbós y Giner, 1996.
¿Qué soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Tengo raíces? ¿A qué le soy leal? Infinidad de preguntas que muchas veces permanecen sin respuesta debido al miedo interno de desquebrajar –más- nuestro “ser”. De esto se deslindan infinidad de problemas sociales, políticos, religiosos, culturales, entre otros, teniendo como origen la problemática del individuo.
La fragmentación ocurre no únicamente por los constantes cuestionamientos, sino se desarrolla en la búsqueda por una identificación que va más allá de lo ideológico. Toca términos sentimentales, patriótico-nacionalistas, espirituales, de índole político… desembocando en una pérdida de identidad. El individuo no sabe quien es, ni a quien pertenece, busca raíces nacionalistas, no obstante esto no satisface a su alma. No sale a votar por que no cree encontrar beneficio directo, no cree que alguien tenga verdadera respuesta a sus interrogantes hasta llegar al punto que empieza a ignorar estos enigmas por que considera, son producto de su locura interna, sin embargo, desconoce que quien está a su lado sufre exactamente de lo mismo. Es este desconocimiento el que conforma el estatus de la humanidad, la ignorancia de una dicotomía o tricotomía interna entre el saber y el no saber, el querer y el no querer, el ser y el no ser. Afirmaciones o negaciones que nunca tendrán una respuesta absoluta y/o generalmente aceptada.
Aunque muy diversos autores han tocado el tema, Benjamín Barber profundiza en este fenómeno social, argumentando que es aquí donde se da nacimiento a un infinito número de situaciones que ameritan un análisis esquemático, que posiblemente daría respuesta a muchas interrogaciones que eternamente se ha formulado o ha pretendido evitar formularse el hombre.
¿Qué es la sociedad sino una adición de intereses particulares que escudriñan un fin personal? es en esta búsqueda donde se crean coincidencias; coyunturas que el gobierno aprovecha para justificar su existencia e introducir al ámbito público el término del bien común. El individuo, asombrado ante tal afirmación de necesidad, legitima la existencia del gobierno, para alcanzar dicho bienestar. “La sociedad –en sí- es creada por nuestras necesidades”. (Paine en Bobbio, 40).
Todos conformamos un rompecabezas. Hablemos de Juan, nacido en suelo mexicano. Su madre es de origen indígena y su padre de sangre española, por lo que aunque México sea su patria, no niega sus raíces europeas, además siente un fuerte compromiso con la empresa asiática que le da trabajo. Su esposa acaba de ser despedida porque en la empresa mexicana que laboraba no permiten mujeres embarazadas, lo cual va en contra de su lucha por los derechos humanos y laborales, pero concuerda con lo que su madre le enseñó sobre el rol de la mujer. Juan está a favor de la democracia y la justicia social como lo pregona el Partido de la Revolución Democrática (PRD) pero ofrece políticas restrictivas para las empresas extranjeras, como en la que él trabaja, porque –argumentan los integrantes del partido- atentan contra la soberanía nacional. Por otro lado concuerda con el derecho a la vida y se siente identificado con el contexto personal de Fox quien es militante del Partido de Acción Nacional (PAN), pero no coincide con la ideología conservadora que algunas veces pareciese tener este partido. Sus suegros han votado toda la vida por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual –cree Juan- mantuvo al país estable durante su estancia en el poder, pero no olvida los abusos y la ignorancia que mostraron hacia los grupos indígenas. Todos estos pensamientos Juan no sabe como ordenarlos, no sabe con quien identificarse, desconoce su verdadera patria, no siente lealtad absoluta hacia nada. Por lo que al momento de las votaciones su mente se paraliza, millones de ideas y de opciones pasan por su cabeza, para finalmente decidir abstenerse una vez más de su derecho y obligación como ciudadano. “Su vida está fragmentada, su visión de la política es una masa compuesta de intereses incompatibles” (Barber, 283). Lo cual termina no solo afectándolo a él, sino también a su esposa, a sus hijos, a sus padres, a la sociedad en general, pues alguien no está haciendo valer su rol en la democracia, y la persona que sea seleccionada, no representará los intereses de este hombre.
Como Juan, habemos miles de personas más. Confundidos entre tantas opciones, entre tantos compromisos, entre tantas diferentes ideologías que terminamos no sintiéndonos aferrados ni siquiera a nosotros mismos. Con esto lidia el Estado, el cual aunque no participa de manera directa en esta fragmentación, si se ve afectado indiscutiblemente por los efectos de las dicotomías internas del ser.
El rol del ser humano dentro de la esfera civil es delimitado por el mismo ser humano, pues es él quien decide si participa o no, y si lo hace hasta que punto lo hace, de qué manera desea hacer valer sus derechos, y cuales son o cuales no son sus intereses.
Las necesidades comunes del hombre (dejando fuera las físicas) se delimitan a una identificación en todos los terrenos, las cuales, son los elementos que se ven afectados por la fragmentación en análisis. Las personas se sienten bien cuando se dan cuenta que hay más con los gustos o preferencias de ellas. Por esto buscan una religión, deseosas de sentir afiliación alguna. Sin embargo, en el caso del Estado democrático, no puede proveer sustento espiritual, por lo que ofrece el nacionalismo intentando identificar a sus ciudadanos con emblemas y símbolos patrios, pretendiendo además, consolidar al país como una nación unida, fuerte, soberana y para todos legítima, debido a que proporciona una de las demandas del individuo: sentido de pertenencia.
Por otra parte, no solo el gobierno o las doctrinas religiosas detectan esta necesidad por parte del ser humano, sino también los mismos individuos y grupos, por lo que ofrecen diferentes alternativas tratando principalmente de satisfacer. Para aquellos que defienden la naturaleza hay organizaciones en pro de la ecología, para los que creen fervientemente en los derechos de las minorías hay diferentes asociaciones a nivel internacional que trabajan en ello, así como otros muy diversos temas que no tienen límite en el contenido. Por lo que el hombre se enfrenta ante una gama de opciones que lo obligan a comenzar a definirse, pero no son suficientes. Pues lo anteponen en una variedad de constantes interrogantes internas. Para aquel que protege la naturaleza y utiliza el coche día a día sabiendo los múltiples daños que el humo del auto ocasiona; para los religiosos que viven cada momento confrontándose antes situaciones que ponen en tela de juicio su devoción.
No es posible mantener una actitud indiferente hacia lo que a todos debería de atañer, pues si uno deja de mantenerse activo en la lucha por la representación de sus intereses ante el gobierno, habrá alguien más que ocupe un doble espacio, el suyo propio y el que estaba sin ocupación.
Más no hay que dejar de lado que el hablar de una desintegración del individuo es hablar de un resquebrajamiento de las células de la sociedad civil, por lo que es una problemática que no solo afecta al Estado, sino que también debería de preocupar, pues altera su estatus además de situar en riesgo a la democracia.
Para Michael Oakeshott “la conducta es un compendio de tradiciones” (Oakeshott en Barber, 236) por lo que el hombre es una compleja añadidura de valores, costumbres, rutinas, sentimientos e intereses, que complementan sus tradiciones y que se reflejan definitivamente en su actitud. Este comportamiento se presenta en cada uno de sus actos, dentro de los cuales se encuentra su participación como civil, que va desde el votar hasta participar en referéndum o consultas ciudadanas.
A lo largo del artículo se expusieron los orígenes de la fragmentación, en donde la sobre oferta de opciones para el individuo, así como su interacción con los demás, aunado a una necesidad de pertenencia lo confunden y posiblemente tenga relación con la indiferencia que posteriormente muestra ante la sociedad civil y a su vez, ante las convocatorias del gobierno democrático. Dentro de los elementos que abarca esta ruptura interna del ser, se ven involucrados los de índole ideológica como los grupos ecológicos, los que están en pro de los derechos humanos, los que promueven acción ciudadana, entre muchos otros más; los de índole religiosa, pues ofrecen sentido de identidad a sus seguidores, sea cualquiera que sea la doctrina; los de índole política como los partidos políticos que ayudan a definir una ideología política al ciudadano respaldándolo con una teoría y juicio ante los problemas del país, y que además contemplan al mismo Estado; de índole laboral, pues todo lo externo que afecta al individuo se manifiesta en su comportamiento en el ambiente laboral, el cual puede ser productivo o puede ser dañino además de para él, para su entorno inmediato; de índole social, pues al sufrir de un resquebrajamiento el hombre intenta mantenerse distante del debate público, no desea ser contemplado dentro de la sociedad civil y mucho menos espera participar en ninguna clase de plataforma ciudadana, “el resultado es una persuasiva sensación de confusión y una apatía política que corroe a la ciudadanía y a la democracia”. (Barber, 283). Estos, entre algunos otros más, son los principales elementos que se ven involucrados ante la situación interna del individuo.
Si uno no interviene, alguien más lo hará, haciendo valer doblemente sus intereses, por lo que es imperante la participación activa de cada miembro de la sociedad para que ese bien común que justifica la existencia de los gobiernos, sea realmente representativo de la suma de los intereses individuales y no solo de algunos cuantos.
Karla Helena Romero
Bibliografía.
- Arbós, Xavier y Giner, Salvador. La gobernabilidad. Ciudadanía y democracia en la encrucijada mundial. Siglo XXI, España: 1996.
- Barber, Benjamín. Democracia Fuerte. Almuzara, España: 2004. Capítulo VIII: “Ciudadanía y participación: la Política como Epistemología”.
- Bobbio, Norberto. Estado, Gobierno y Sociedad. F. C. E., México: 1991. Capítulo 2: “La Sociedad Civil”.
- Fernández Santillán, José. El despertar de la Sociedad Civil. Una perspectiva histórica. Editorial Océano, México: 2003. “El debate contemporáneo”.